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Leopoldo Zugaza Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes

Leopoldo Zugaza Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes
Alejandro Zugaza

Tras la celebración estos días del gran éxito de Handia en la Meca del cine español, como son los Goya, nos toca hoy la felicitación a otro gigante de la cultura vasca, a Leopoldo Zugaza Fernández, que ha recibido hoy la Medalla de Bellas Artes de la mano del Rey Felipe VI. Un gigante por su estatura física pero también por la talla profesional de su tan veterana como intensa trayectoria. En la lista de personalidades del mundo cultural y artístico que han merecido tal recompensa este año, en todos los casos figura después del nombre propio la denominación de su quehacer: pintor, poeta, actor, músico, cocinero, torero, …   En el de Leopoldo Zugaza no figura ni oficio ni beneficio (esto último seguro).  La verdad es que resulta difícil definir la poliédrica figura de este, digamos, promotor cultural. Yo personalmente diría que sobre todas las cosas es un incansable editor. Se puede escribir su biografía a través de los libros, las revistas y los muchos sueltos que ha publicado, una auténtica biografía de papel.

El primer recuerdo que tenemos de nuestro padre es en la mesa del comedor de casa maquetando con esmero sus libros como editor independiente a principios de los años 70. Obras como Ipuin antzeko alegin mingotsak de Mikel Zarate o el fallido libro sobre Rafael Ruiz Balerdi encargado al crítico Santiago Amón. A su pasión por los libros y la lectura, heredada de sus padres, se unió muy pronto una extrema exigencia estética, azuzada aún más por la temprana influencia de una joven pintora y pianista recién salida de las monjas de Berriz, su mujer Carmen Miranda.

La pareja, con otros valientes durangueses, impulsaron en los 60 la creación al mismo tiempo de la Ikastola Kurutziaga, donde hicimos nuestras primeras letras, y la hoy tan popular Feria del libro y disco vasco. Desde esa misma plataforma local impulsó Leopoldo un renovador programa de exposiciones de arte contemporáneo en las nuevas Salas Municipales de Ezkurdi tras su inauguración en 1970. Personaje inquieto al extremo, todavía sin salir de Durango, debemos mencionar la simultanea creación, con su gran amigo Jesús Astigarraga, de Hitz, la primera librería del pueblo y la editorial de obra gráfica Ederti, con trabajos de Ibarrola, Zumeta, Basterrechea, Morquillas o Mari Puri Herrero, entre otros.

Con el crédito de estas y otras iniciativas desarrolladas en los grises y difíciles años del tardofranquismo, fue llamado por la Caja de Ahorros Vizcaina para crear un dinámico departamento de difusión de la cultura y el arte dentro de su obra social, mereciendo la entidad, gracias a ello, su propia Medalla de Bellas Artes en 1985.

En paralelo a esta extraordinaria actividad desplegada desde la Caja, desarrolla en esos años una fecunda colaboración y creación de instituciones museísticas en el País Vasco. Como vicepresidente de su Junta, impulsó la primera renovación física y conceptual del Museo de Bellas Artes de Bilbao entre 1982 y 1985, con la creación de servicios hoy tan apreciados como educación, biblioteca, restauración, cinemateca, al tiempo que un amplio programa de exposiciones y una política de adquisiciones memorable, con la compra, entre otros, del cuadro de Francis Bacon. Una iniciativa paralela a este formidable impulso al museo fue la puesta en marcha de la feria Arteder en Bilbao, la primera dedicada en el ámbito estatal al arte contemporáneo.

A su personal inquietud se debe también la creación del Museo de Arte e Historia de Durango, y la modélica organización de los servicios culturales en esa cabecera comarcal con la colaboración de Luis Iturri y de nuestro hermano el arquitecto Juan Zugaza.

Una experiencia cultural local que trasladó a Zarauz en los años 90 con la creación del Photomuseum, primer museo especializado en fotografía del Estado. Solo por este maravilloso proyecto y su sostenimiento durante los últimos 25 años, merecería el mayor de los reconocimientos. Pero, por  si faltara algún otro merito, terminaré citando el último de sus desvelos,  el Instituto Bibliográfico Manuel de Larramendi, también con sede en Zarauz, dedicado en los últimos años al quijotesco elogio del libro, sus autores y editores. Como decía, Leopoldo Zugaza, editor, un incesante molino de viento con aspecto de gigante.

 

Miguel Zugaza