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El mural de Alberto palomera

El mural de Alberto palomera
Alejandro Zugaza

EL ARTISTA BARAKALDARRA ALBERTO PALOMERA HA REALIZADO UN MURAL EN LA RIOJA, AUNANDO HECHOS HISTÓRICOS DEL ENTORNO Y EL PROCESO DEL VINO

CONSTELACIONES, poemas japoneses, figuras del reino de Navarra… todo ello se puede encontrar en la bodega Florentino Martínez. El autor de tal original obra es el barakaldarra, aunque residente en Bilbao desde hace 30 años, Alberto Palomera, licenciado y docente de Bellas Artes.

Según explica el protagonista, la idea de crear el mural surgió hace casi cinco años, tras restaurar la bodega en la que se encuentra una cueva (lo que ellos denominan calao) que, como Palomera subraya, tiene el aspecto de una capilla por los arcos que la conforman. Por eso, y tras dos intensos años de trabajo de campo estudiando la zona que está rodeada por tres monasterios muy importantes, el artista se embarcó en la aventura de comenzar, como él mismo define, “a colocar la primera piedra de lo que será un museo del vino”. Para eso, aunque había previsto llevarla a cabo en unas dos semanas, fueron cinco las que necesitó el artista para completar su obra.

El lienzo de este artista se encuentra en un museo, o futuro museo, ya que está previsto que se inaugure la segunda quincena de noviembre, de “interpretación del vino y de las lenguas”, ya que la bodega está instalada en el centro de un triángulo que forman tres de los monasterios más importantes de La Rioja: San Millán de la Cogolla, Santa María La Real y el Monasterio de Cañas. Debido al interés histórico del que goza la zona, el artista relaciona en su obra el proceso del vino y elementos del entorno brindando especial importancia a las lenguas, debido al interés por las mismas de la bodega.

En un lado he representado el trabajo en las viñas y también en la bodega. En el otro lado, he trabajado los personajes más importantes del entorno”. Además, quiso hacer hincapié en la importancia que brinda la bodega a las lenguas, ya que refleja a una monja iluminadora que está sufriendo un fenómeno místico llamado xenoglosia, lo que hace que escriba en japonés, un idioma que no conoce, idioma que al mismo tiempo la bodega cuida con especial cariño. Desde hace años, Florentino Martínez elabora un vino con madera japonesa, al que insertan en sus etiquetas un haiku, poema de origen nipón. Por eso, el artista quiso jugar con este concepto e introducirlo en la obra. Por otro lado, Palomera refleja a San Millán de la Cogolla, uno de los monasterios que se encuentra en el entorno, y lugar en el que fueron descubiertas las primeras glosas en euskera y castellano. Por último, el juego de palabras del poeta Gonzalo de Berceo: escribió un poema muy famoso en el que asegura que quiere hacer un poema en román paladino, la lengua romance y al final acaba diciendo que “bien valdría un vaso de bon vino”. “El poema habla de ese buen vino que se hace en La Rioja y yo he aprovechado para que hable del buen vino de esta bodega”, admite.

Además, Palomera no es un artista tradicional, ya que subraya, entusiasmado, que todas sus obras están basadas en la patafísica, la ciencia de lo absurdo, y toda su obra está compuesta por múltiples fórmulas matemáticas, debido a que “el arte tiene que tener unos pilares: estética, conocimiento científico y mística”. Por eso, tras el muralista se encuentra, como destaca él mismo, “un investigador y científico” que analiza cada elemento que refleja en sus obras.

La religión tampoco queda relegada, ya que el artista destaca convencido que la bodega será “un lugar de peregrinación del Camino de Santiago”. Aunque este no pasa directamente por la bodega, se sitúa muy cerca y el mural hace referencia a diversos elementos del camino. Ejemplo de ello es el campo de estrellas (así se le llama a Santiago de Compostela) que ha dibujado. Además, el centro de la bóveda es un camino de soles que hace referencia al camino de soles que va a Santiago, el que va de día, y luego al de noche, porque los peregrinos se guían por las estrellas como él mismo asegura. “Hay referencias a las bóvedas celestes, a las constelaciones de Orión… Hay referencias al camino porque está muy presente en La Rioja, y sobre todo en esta comarca”.

El motivo fue la cercanía del Monasterio de Cañas, una abadía de monjas de clausura en la que se encuentran “las reliquias más importantes de la cristiandad”, como las herraduras del caballo de Santiago, “uno de los motivos por los que la gente peregrina”, subraya el artista.

TÉCNICA NOVEDOSA.La técnica empleada para realizar el mural se denomina fresco “al seco”, que como asegura el artista es una técnica inventada por él mismo. Para conseguir penetrar en el material sin dañarlo y que el pigmento penetre en la superficie, ha usado un silicato, que es el componente que se mezcla con dichos pigmentos. “Es un producto que se usa sobre todo en patrimonio porque hay que tener cuidado con cómo se restauran las obras”. Para pintar nunca se ha usado, o por lo menos asegura que no conoce a nadie que lo haya hecho. “La pintura no está en superficie, ha penetrado en la superficie, no queda capa. Lo he denominado así porque no he hecho un yeso con cal para trabajar el fresco encima, y he usado pigmentos naturales”.

Toda la gama de los óxidos de hierro. “Para conseguir un aspecto de cueva, me he basado en las cuevas de Lascaux, porque las pinturas de esa localización tienen ese aspecto de óxido y ocres que a mi me maravillan”. Y también hay ocres que en otras cuevas no se pueden encontrar pero que tienen una “luminosidad tremenda dentro de una armonía”. Además contó con la ayuda de un enólogo que le ha ayudado a conocer las moléculas que poseen los pigmentos, para analizar cómo se comportan estas en el soporte de los mismos. Por eso, asegura, es una técnica novedosa.

UN REPORTAJE DE ANE LÓPEZ – Lunes, 5 de Noviembre de 2018 – DEIA