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Iñaki Azkuna

Iñaki Azkuna
Alejandro Zugaza

Conocí a Iñaki desde la infancia. Fue vecino y natural de Durango, vecinos de barrio. Él del 9 y nosotros del 11 en la Calle Montevideo.

Iñaki siempre ha escuchado y en todas las ocasiones se lo he agradecido. Le solicitamos que participara en la presentación de la novela de Kirmen Uribe Bilbao- Nueva York- Bilbao. en el teatro Campos de Bilbao. Y cumplió con creces.

Reproduzco el texto de 6 páginas que redactó y leyó en ese acto:

Alejandro Zugaza Miranda, el editor, me envía un libro. Se trataba del Bilbao-New York-Bilbao. Alejandro es el hijo de Leopoldo Zugaza y de Carmen. Leopoldo se dedicaba a promocionar cultura cuando yo era niño en mi Durango natal y Carmen, su mujer, era sobrina de aquel mítico jugador de San Lorenzo de Almagro, Ángel Zubieta. Un fenómeno que triunfó en Argentina. Escribí estas líneas oyendo “sasibil mi caserío” en la voz de Manuel Ausensi, con Pilar Lorengar en el papel de Ana Mari y Carlos Munguia, el tenor, en el de Jose Miguel o chiquito de Arrigorri, del mismo nombre que la playa. Los del interior recurrimos a estas argucias, seguramente para compensar una lectura en que aparezca la costa y aquí vaya que sí aparece. Ondarroa, el Golfo de Bizkaia, todo el Atlántico Norte, y el océano hasta Nueva York. Y Ondarroa, mal comunicada con el interior vizcaino en mi infancia, cada vez más cerca en mi senectud gracias a unas buenas carreteras, aparece siempre y de qué manera en el prototipo de canción que siempre hemos cantado en familia o con los amigos: “el Boga-boga”. Por tanto, tomo mis precauciones al leer y al escribir estas líneas. Otra digresión tras las precauciones descritas: recordar el título del libro del Lehendakari Aguirre, “De Guernica a Nueva York pasando por Berlín”. Nada que ver, un libro escrito en la peripecia del viaje, tras la derrota en nuestra contienda civil, de un lehendakari hundido por la victoria franquista, pero entero en su espíritu, henchido de libertad y sentido democrático. Y valiente por meterse en la boca del lobo nazi. Me introduzco en el libro de Kirmen, ganador del Premio Nacional de Narrativa 2009, el de la crítica 2008 en euskera etc, etc… con la carta de Zugaza delante: “la obra se desarrolla en un viaje en avión desde Bilbao a New York con escala en Frankfurt. La estructura de la novela se soporta en la relación de las tres generaciones dentro de la misma familia, pero con una narrativa actual basada en la autoficción. Esto permite a Kirmen Uribe dejar de lado esas estructuras de la literatura romántica de saga familiar: El abuelo y su barco de nombre Dos amigos, amigo del pintor Arteta y el arquitecto Bastida, la del padre que desarrolló su vida en Escocia como patrón del barco pesquero y la del propio autor que viaja a América para dar una conferencia. Me adentro en la novela, hasta ahora he escrito cosas de los demás. Pero ¿qué me parece a mí lo leído? Buen comienzo con “los peces y los árboles se parecen, en los anillos. Si hiciéramos un corte horizontal a un árbol veríamos sus anillos en el tronco. Los peces también tienen anillos, pero en las escamas”. Mi primer pensamiento: ¡cuánto saben éstos de la costa! Nunca lo hubiera imaginado. Al doblar la página me encuentro con el Museo de Bellas Artes de Bilbao, mi museo, el que visito frecuentemente desde hace 40 años, desde que soy bilbaíno de hecho y de derecho. El abuelo de Kirmen lleva a su hija, la madre del escritor, al Museo. Un pescador llevando a su hija a un museo. Algo grave sucede. Sucede que le han anunciado que va a morir. Pero le podía haber llevado a una iglesia o, visto desde la fama que tienen los pescadores, a una taberna. Un detallazo sorprendente para mí y al mismo tiempo bellísimo. Sorpresa del abuelo Liborio. Para ver el cuadro de su amigo Arteta. Aurelio Arteta Errasti, un lujazo, es una de las figuras principales del libro junto con el arquitecto municipal de Bilbao, Bastida. Arteta pinta un mural para la casa de Bastida en Ondarroa. Cuando sea demolido el chalet, tras la muerte del arquitecto, el mural, afortunadamente, será trasladado al Museo. Ese es el mural que verán el abuelo, su nieto y todos los que tenemos la fortuna de visitarlo. Este mural tan hermoso, localizable en el Museo junto a otros cuadros del pintor, entre ellos el “Puente de Burceña”. Y Kirmen se deleita con la figura del pintor y el arquitecto. Basta recordar las obras que Bastida dejó en Bilbao. La más significativa en estos tiempos, la Alhóndiga que está siendo rehabilitada por el Ayuntamiento – de la mano de Philipe Stark­como centro de cultura y deportes. Pero en esa época Bastida estaba empeñado en construir el Banco Bilbao, cuando este banco era bilbaíno, en Madrid y quería que Arteta pintara los murales que allí, ahora, podemos admirar. Bastida, además de gran arquitecto y buena persona, era un católico practicante de misa y comunión diaria. Lo cuenta Indalecio Prieto en “De mi vida”. Escribe Prieto: “Ninguna afinidad ideológica nos unía: él católico fervoroso, yo incrédulo recalcitrante. ¿Cuántos años llevaba Bastida procurando que yo abrazara sus ideas religiosas? Más de treinta, desde que en 1916 empezamos a tratarnos, siendo el arquitecto municipal de Bilbao y yo Concejal de la villa. Nunca me enojó su constante labor de catequesis y siempre se lo agradecí. ¡Era tal su ternura! Y tan inmensa su caridad. Nadie coló más hondamente en mi conciencia, porque jamás me confié tan íntimamente como con él. Aquella misma mañana de su visita en San Juan de Luz, estuvimos varias horas dialogando: mejor dicho, las pasé yo monologando hasta rendirme de fatiga. Y más adelante prosigue Prieto: “Bastida, pese a ser Presidente de Acción Católica y de la Asociación de Padres de familia, figura como arquitecto diocesano, construyendo y reparando templos sin cobrar un céntimo, y entregar para limosnas cuantos emolumentos percibió del Gobierno republicano, estuvo a punto de ser encarcelado. Supo quien fue la persona denunciante y se presentó ante ella. Viéndola azorada, apresurose a desvanecer su inquietud con estas palabras: “Vengo a decirte que te perdono; el perdón es mi única venganza”. Esto también lo cuenta Kirmen. Kirmen vuela a Nueva York, vía Frankfurt. Naturalmente desde el aeropuerto de Bilbao. Y va desgranando historias. Me ha gustado la de su tía Maritxu, en realidad, tía de su padre, que vino de Ondarroa a vivir a Begoña porque no quería más marinos en casa. Le habían dado demasiados disgustos. Le cuenta a Kirmen que su abuela durante la guerra acogió en su casa a un oficial de Franco y a una mujer cuya madre estaba presa en Saturrarán, y éstos ya se sabe, no eran de Franco. Ante la extrañeza de Kirmen, la tía Maritxu le responde-y esto me ha conmovido-“una cosa son las ideas y otra el corazón”. La tía Maritxu no quería más marinos en casa. Ya murieron demasiados el 12 de julio de 1908 en el Golfo de Bizkaia. Siete en el San Marcos, ocho en el San Jerónimo, dos en el Santa Margarita, tres en el Jesús, María y José, tres en el Nuestra Sra. De la Antigua, cuatro en el Concepción, y uno en el San Ignacio. Una tragedia cuando el viento roló de forma brusca a noroeste. La abuela era nacionalista. Su suegra carlista. El tío Boni era patrón del Bizkargi, barco pintado de rojo, verde y blanco en plena dictadura. Liborio, el abuelo, era de la situación y Amparo, nacionalista confesa, le visitaba a aquel para leerle la prensa franquista cuando enfermo, guardó cama. Cuenta Kirmen que Arteta y los Arrúe, ayudaban económicamente a Meabe. Tomás Meabe fue discípulo de Sabino Arana, se hizo socialista y fundó las juventudes socialistas. Aquellos no tenían su misma ideología, pero le ayudaban “Una cosa son las ideas y otra el corazón” decía la tía Maritxu. Kirmen se pregunta sobre este capítulo de su familia. ¿Por qué Liborio optó por el alzamiento, un hombre de Ondarroa que casi no hablaba castellano? ¿Por qué se posicionó a favor de Franco cuando su propio hermano Domingo optó por defender la República? Nunca lo sabrá, responde el autor. Hay una historia que me ha hecho reír. Franco llega a Bilbao. Han filmado una película para que lo vean los presos. Precisamente en la ciudad que resistió durante un año los ataques del ejército rebelde. Los presos ven la película y se desmoralizan. Bilbao ya no es lo que era. Todos los rincones están llenos de gente. Se ve la plaza del Ayuntamiento repleta. De repente aparece un hombre subido a una farola. Con una mano se sujeta a ella y con la otra hace el signo de la victoria. Los presos caen en la cuenta y se ríen a carcajadas. El hombre es uno de los que, preso, está con ellos. ¿Misterio? No. Eran imágenes de cuando el Athletic ganó la última copa. Las habían manipulado. El libro me ha ido gustando a medida que me adentraba en él, sobre todo, cuando he repasado algunas cosas para escribir estas líneas que me pidió el amigo Asier Muniategui. Y lo que voy a referir tiene mucho que ver con mi condición vital y con mi visión de país. Por ejemplo el capítulo primoroso donde Kirmen refiere la relación de Azkue con Txomin Aguirre, el lingüista y el novelista. Don Resurrección era de Lekeitio, aunque vivió en Bilbao y llegó a ser presidente de Euskaltzaindia. También ganó la cátedra de euskera en pugna con Unamuno y Sabino Arana. De entonces, dicen los sabios que Don Miguel quedó tocado con el euskera y lo quiso enterrar, aunque agresivo él y polemista como era el autor de “Contra esto y aquello” tenía razón en que el sistema gramatical y pedagógico del euskera de la época era un desastre. Aunque eran amigos, Azkue le visitaba en Ondarroa a Aguirre y éste nunca le invitaba a entrar en su casa. Quizás Aguirre temía que Azkue se riera ante una casa tan paupérrima, quien sabe. Aguirre era abad del convento de Zumaia y escuchaba la confesión de las monjas durante horas. Tras el sacramento de la penitencia, prefería cuidar las rosas del jardín. Aunque la escritura fuera su afición preferida, descansaba cuidando las rosas. Esta era la respuesta que le daba a Azkue cuando éste le recriminaba y le pedía que escribiera más. Y aquí Kirmen saca sus propias conclusiones, con las que estoy de acuerdo. Dice así: los vascos siempre hemos pensado que la nuestra es una tradición literaria menor, y es verdad si contamos el número de libros publicados en euskera. Nuestra literatura apenas ha ejercido influencia en otras literaturas y no hemos creado una obra capaz de convertirse en un referente universal, a pesar de gozar de una rica y antiquísima tradición oral. Y concluye Kirmen: “He pensado de nuevo en Aguirre. Nuestra tradición literaria es como la casa de sus padres: pequeña, humilde, desordenada. Pero lo peor que podemos hacer es mantenerla oculta. Al contrario, es necesario que invitemos a entrar a quienes nos visitan y les ofrezcamos cuanto tengamos en casa, aunque sea poco y les parezca pobre. Porque la mejor forma de airear la casa es abrir las ventanas. Su padre le decía que las olas de Rockall llegarían hasta el tejado. No se lo creyeron. Pues bien, en 2000, el RSS Discovery, una embarcación las midió cuando se encontraba a unos 250 Km. de Escocia. Midió una ola de 29 metros y demostraron que los satélites las miden más pequeñas que lo que realmente son. Las buenas mediciones hay que hacerlas en el mar, con boyas y barcos. Su padre tenía razón cuando les contaba haber visto olas que podían cubrir casas de siete pisos. Por ahí han andado nuestros marinos. En lugares en que casi no hay vestigio humano. Pero había peces y a por su pesca iban. El trabajo en la mar es duro. Dice Kirmen que “el apego al mar se ha ido perdiendo muy deprisa. Su padre no quiso que sus hijos fueran marinos. No me extraña. Al peligro de la propia naturaleza se suman otras dificultades. Fíjense ahora los peligros de faenar en el Indico, infestado de piratas. ¡Qué trabajo duro el de nuestros arrantzales! El avión se dirige hacia Nueva York. Como se dirigió Bastida con su familia, aunque en barco. De Cherburgo a Nueva York. Y termino trayendo a colación un aspecto importante del País que aparece en el libro. Me refiero al euskera. A punto de morir Franco-señala Kirmen-hubo unos fusilamientos (supongo que se refiere a los de ETA y el FRAP) y la policía revisaba toda casa sospechosa. Varios llegaron a casa de su madre. Le registraron todo. En una habitación estaba una hermana enferma. También revisaron la habitación. De pronto uno de los guardias encontró algo sospechoso. La madre se asustó, aunque la hija la tranquilizó diciéndole “lasai ama, kantak dira”. El comisario se puso nervioso y preguntó qué decía la niña. “Tiene fiebre, quiere agua”. La vieja lengua, marginada y clandestina les salvó de 6 aquel apuro. Esto lo cuenta dentro de una historia en que dos niñas van a coger mariposas al monte. Una es blanca, la otra negra, hija de un marino senegalés. Las dos hablaban euskera. La lengua vernácula pasaba de la clandestinidad a la multiculturalidad . Dos niñas tan diferentes, que habían ido a coger mariposas utilizaban la misma lengua. Kirmen da forma de su amor al euskera con estas figuras que son la realidad del País, el de ahora y el de tiempos de la dictadura. Todo un poema. El avión se acerca a Nueva York, para que Kirmen pueda reunirse con otros profesores. Cuando el avión despega se acuerda de los más cercanos y se pregunta si los habrá cuidado lo suficiente. Si se portaba bien con los que le querían. No sé lo que pensó cuando aterrizaba. Seguramente estaba más cansado y sentiría cierto alivio. Yo solo recuerdo su dedicatoria. “Para Iñaki Azkuna, un libro que pretende dar una visión moderna y abierta del País”. En mi opinión, lo ha conseguido. I. AZKUNA – Alcalde de Bilbao.